En este episodio de Mentes Valientes, José Martínez explora a fondo el tema del perfeccionismo, desmitificando la idea de que es una sola dimensión. Basados en el trabajo de los psicólogos canadienses Paul Hewitt y Gordon Flett de 1991, descubriremos que el perfeccionismo tiene dirección y que importa mucho quién exige y a quién se le exige. En este episodio aprenderás a identificar los tres rostros del perfeccionismo: Perfeccionismo autoimpuesto: Un estándar de excelencia extrema que nace de uno mismo, caracterizado por la creencia de que se debe ser impecable y no se puede fallar. Aunque genera motivación, provoca una enorme vulnerabilidad ante el error y autocrítica severa. Perfeccionismo dirigido a otros: La aplicación de un estándar imposible hacia tu equipo de trabajo, pareja, hijos o proveedores, dejándote como el jefe que nunca queda satisfecho. Este rostro se vincula directamente con la desconfianza, la hostilidad y los conflictos interpersonales. Perfeccionismo socialmente prescrito: La falsa creencia de que las personas a tu alrededor exigen la perfección de ti y que su aprobación depende de tu cumplimiento. Es el tipo más dañino, fuertemente asociado con la depresión, la ansiedad, la desesperanza y el aislamiento. Protocolo de acción para esta semana: Paso 1: Ponle nombre y distingue si la exigencia viene de ti, si la impones a otros, o si crees que te la imponen. Paso 2: Verifica la expectativa directamente con tu jefe o equipo preguntando qué necesitan exactamente de ti. Paso 3: Define qué significa que un trabajo sea "suficientemente bueno" antes de comenzar, utilizando criterios claros. Reto de la semana: Anota tres momentos recientes en los que sentiste presión por la perfección y clasifícalos en uno de estos tres rostros. Escúchalo ahora y acompáñanos en el próximo episodio donde abordaremos el Síndrome del Impostor
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