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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

著者: Juan David Betancur Fernandez
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概要

Este podcast está dedicado a los cuentos, mitos y leyendas del mundo.© 2026 Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda 世界 文学・フィクション 社会科学
エピソード
  • 758. El abogado del diablo
    2026/03/18

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    Juan David Betancur Fernandez
    elnarradororal@gmail.com

    Había una vez una abogado llamado Roberto Cifuentes, su oficina quedaba en el piso 50, el último piso del rascacielos más imponente de la ciudad, y realmente esta oficina estaba diseñada para intimidar. Todo era cristal frío, acero pulido y sombras meticulosamente calculadas para que todo el que entrara allí sintiera el peso del poder de las leyes del pais.

    Pero las cosas no iban bien últimamente. Hace meses y debido a algunos casos de gran renombre que había perdido, sus clientes habian disminuido y el no sabía como recuperar la confianza de su clientela.

    A las 11:42 p.m. de un martes lluvioso, las luces parpadearon y la temperatura descendió bruscamente. Un espeso olor a azufre y a promesas podridas inundó la oficina.

    Del centro de una espiral de humo negro emergió Lucifer. Llevaba un traje de seda oscura que parecía absorber la poca luz del lugar, y sus ojos brillaban con la confianza de quien lleva milenios invicto persiguiendo incautos o cobrando almas.

    —Roberto Cifuentes —resonó la voz del diablo, vibrando en los ventanales—. He seguido tu carrera. Tu crueldad en los juzgados es... inspiradora. Veo que últimamente tienes muchas dificultades en los juzgados pero hoy he venido a ofrecerte la cúspide de tus ambiciones.

    El diablo deslizó sobre el escritorio de caoba un pergamino antiguo, de bordes carbonizados, escrito con una tinta que parecía latir.

    —A cambio de la insignificancia de tu alma inmortal —continuó el señor de las tinieblas, apoyando las manos en el escritorio—, te garantizo que vas a ganar cada litigio, vas a aplastar a cada rival y vas a acumular una riqueza que ofendería a los mismísimos dioses. Solo requiero una gota de tu sangre en la línea punteada.

    Roberto no se inmutó. No llamó a seguridad ni retrocedió. Simplemente suspiró, se ajustó sus pesadas gafas de carey, tomó un abrecartas de plata y levantó el pergamino por una esquina, como si sostuviera un pañuelo sucio. Leyó el documento en silencio durante un minuto completo.

    —Lucifer, siéntate, por favor. Me estás ensuciando la alfombra con esa ceniza que traes en tu ropa—dijo el abogado, señalando una silla de cuero frente a él—. Pero dime ¿Quién diablos te redactó esta atrocidad?

    El diablo parpadeó, desconcertado. Se dejó caer lentamente en la silla. —Es... es el Pacto de Fausto. Edición revisada del siglo XVI. Ha funcionado sin problemas durante cientos de años...

    —Te han estado robando, amigo mío —le interrumpió Roberto, sacando un bolígrafo rojo de oro macizo y empezando a tachar furiosamente el antiguo pergamino—. Este documento es un desastre jurídico. Si firmas esto con el humano equivocado, te dejan en la calle. Permíteme ilustrarte:

    · Aqui hay una gran Ambigüedad en la "Cesión Eterna" del contrato: El término "alma" no está definido bajo los estándares internacionales de propiedad intelectual o bienes raíces metafísicos. Un buen abogado argumentaría que el alma es un activo intangible y, por lo tanto, sujeto a depreciación.

    · La Cláusula de Jurisdicción es ciertamente Invalida: Estableces el Inframundo como sede para la resolución de disputas. Eso viola los tratados de arbitraje de la Convención de Nueva York. Cualquier juez terrenal anularía el contrato por asimetría y coacción.

    · Además hay una Ausencia de Protección de Datos: No veo ninguna cláusula sobre el tratamiento de mi historial de pecados. Con las nuevas leyes de privacidad, exponerte a una auditoría celestial por mal manejo de datos personales te costaría la mitad del purgatorio en multas.

    El diablo abrió la boca para hablar, pero de ella solo salió un pequeño hilo de humo gris. Su imponente aura se desva

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    11 分
  • 757. El truco
    2026/03/16

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    Juan David Betancur Fernandez
    elnarradororal@gmail.com

    Habia una vez un Dios que como gran el Gran Arquitecto del cosmos se enfrentaba a un dilema profuendo. Sabía que incluso Él, con todo su poder y su infinita imaginación, era incapaz de crear y conjurar un entretenimiento que no terminara aburriendo a un alma después de un millón de años. Ese era el periodo mínimo que muchas almas pasarían en su paraís. Aquel Paraíso, con sus nubes de algodón y arpas doradas, inevitablemente se volvería el lugar más monótono del universo ya que en el deambular de todas las almas siempre esta el deseo de cambio en algún momento. Ese cambio que rejuvenece y muchas veces le da razón a la existencia.

    Por otro lado, al mirar hacia el Abismo, a aquel lugar que disenaria y construiría para que las almas no justas vivieran y aprendieran sus lección tenía sus propios retos. El tenía un corazón compasivo y un sentido de la justicia que le determinaba cada uno de sus actos.

    Cómo podría condenar a los frágiles humanos —seres de vidas tan cortas y mentes tan limitadas— a un fuego perpetuo. Como podría el un ser omnipotente y omnipresente permitir que un débil humano con solo escasos anos de experiencia de vida recibiera un castigo infinito por un pecado finito por el simple hecho de romper alguna leyes que no eran de ninguna manera a prueba de fallas. Todo su diseño tenía un grave defecto. Por pequeño que fuera el castigo Simplemente rompía las leyes de la balanza cósmica; incluso el roce de una espina, multiplicado por la eternidad, se volvería una tortura insoportable y que más decir de aquel castigo que tiene que ver con fuego y maltrato físico. El entendía que el infierno era simplemente ilógico e irracional.

    Así que, con un chasquido de sus dedos de luz, el Creador diseñó un gran truco de magia.

    Se dice que forjó dos reinos mágicos exactamente iguales. Exactamente iguales donde . El Cielo y el Inframundo fueron esculpidos con la misma piedra suave, llenos de jardines tranquilos, brisas con la temperatura perfecta y un confort absoluto para el descanso eterno. Por esta razón en el Infierno no habria lagos de lava ni demonios; apenas una cómoda ambientación donde nada duele y nada molesta. Todo bien definido y claro para que las almas que allí llegaran como castigo se pudieran acomodar plácidamente. Los prados, las salas de estar y las habitaciones serian pulcramente diseñadas para que no generaran nunca en toda la eternidad ni el más mínimo desconfort. Pero si así era el infierno como seria su contraparte. . En el Cielo, los prados serian iguales, las salas de estar y las habitaciones iguales a las del inframundo. No habría nada, absolutamente nada que las diferenciara de las de el mundo de abajo

    Pero para aquellos que no fueran Dios, esto es una gran inquietud. Si los dos son exactamente igual de acogedores y pulcros para sus futuros habitantes ¿dónde reside la condena y dónde está la gloria?

    El truco estaba no en el lugar y más bien dentro de aquellos que vivirían en los 2 lugares supuestamente antagónicos. La magia la puso en la mente de los habitantes, tejiendo un velo de ilusión sobre ambos reinos.

    A los desterrados y castigado para ir al Inframundo les implantó un espejismo en la memoria: les hizo creer que arriba, en el cielo, se está celebrando el banquete más espectacular y delicioso de la eternidad, que todos allí viven en plenitud con todos los aspectos de su vida haciendo parte de un eterno festin de actividades gloriosas. Que la música celestial los acompañaría constantemente y que la presencia de Dios estaría allí para llenarlos con plenitud, casi como si los ángeles fueran parte de un coro celestial y un grupo encargado de el entretenimiento constante.

    . Y así

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    8 分
  • 756. Alectrión (Mito Grecia)
    2026/03/14

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    Juan David Betancur Fernandez
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    Había una vez en el mundo de la antigua Grecia un dios que nacio pequeño y feo. Eso en los estándares de los dioses griegos era inimaginable y su madre Hera O juno en Roma cuando lo vio se sintió horrorizada. Por lo que impulsada por la estética decidio apartarlo de si vista y de su vida. Así que lo arrojo desde el olimpo hacia el mar. El dios llamado Hefesto o Vulcano en Roma, cayo desde las alturas del olimpo rodando hasta llegar mal herido a las orillas del mar. Allí fue rescatado por las nereidas que lo llevaron a las profundidades del mar. De la caída el resultado fue aún más lamentable Hefesto termino siendo cojo y tullido con dificultades en la cadera para caminar. Pero escondido en las profundidades aprendió un oficio único. Se convirtió en un maestro de la forja de metales. Uno como nunca había existidos antes.

    Pero a medida que forjaba grandes obras en metal, crecía su rencor hacia su madre que lo había traicionado, así que decidio vengarse de una manera genial. Preparo un trono de oro macizo con una maestría que dejaría a todos los dioses sin aliento. Y se lo envió a su madre Hera. Ella al ver el trono se sentó inmediatamente. E inmediatamente un artilugio se disparó atrapando con cadenas a Hera en el trono. No había poder divino que pudiera liberarla.

    Zeus o júpiter para los romanos se presentó inmediatamente y vio como su esposa estaba atada a aquel trono y por mucho que trato de zafarla fue imposible, así que envió un emisario a suplicar a Hefesto que la liberara. Este solo dijo. Dile a Zeus que solo la liberare si puedo volver al olimpo y si me da como esposa a la más bella diosa. La diosa afrodita, venus para los romanos.

    En ese momento había una gran disputa alrededor de Afrodita ya que Ares, marte para los humanos y Apolo se disputaban el amor de Afrodita.

    Cuando Zeus escucho la propuesta de Hefesto vio una oportunidad de matar 2 pájaros de un solo tiro. Terminaría con la disputa entre los dos dioses. Y liberaría a su mujer Hera. Así que concedió a Hefesto la mano de Afrodita.

    Pero ahí comenzó una gran tragedia con resultados insospechados.

    Afrodita se caso con el más feo y deforme de los Dioses y claramente no estaba muy feliz. Además su ojos estaban puestos sobre el dios Ares o Marte y pese a que Vulcano o Hefesto adoraba a su esposa y le fabricaba constantemente las más exquisitas joyas, ella buscaba la compañía de Marte para utilizar el tiempo de las noches.

    Ares era un ser fogoso, así que complacía a la bella afrodita cuando vulcano permanecía trabajando en su taller.

    Pero siempre estaba el peligro de ser sorprendidos. Así que Ares decidio utilizar los servicios de uno de los mortales que el conocía y que era reconocido por su discreción. Su nombre era Alectrion. Este muchacho era totalmente confiable y servicial. Así que alectrion se convirtió en el confidente de los encuentros más peligrosos del Olimpo.

    Cada noche, cuando las sombras se alargaban, Ares se escabullía hacia el palacio de afrodita la diosa de la belleza, aprovechando que su esposo, el laborioso Hefesto o Vulcano, se encontraba sudando en las fraguas subterráneas del Etna.

    Ares que no temía a los ejércitos pero sí al ridículo, siempre llevaba a Alectrión consigo. Su orden era clara: —"Quédate en el umbral, muchacho. No cierres los ojos. En cuanto veas el primer hilo de luz de la corona de el sol tirado por apolo avísame. Si él nos ve, el chisme llegará a oídos de Vulcano antes de que yo pueda calzarme las sandalias".

    Alectrión asentía con orgullo. Durante muchas lunas, cumplió su promesa. Se mantenía firme, con la mano en el pomo de la espada, observando cómo las estrellas g

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