Ese tema es muy controversial, puesto que muy pocas personas están dispuestas a aceptar que tienen este padecimiento o trastorno que deriva muchas veces en supuestos casos de abuso sexuales, supuestas violaciones, cuando en realidad lo que sucede es que la necesidad por el contacto físico y la satisfacción sexual es más grande que las normas y costumbres que rigen a la sociedad. La supuestas víctimas que padecen esos trastornos saben perfectamente que están haciendo mal, y saben también las consecuencias que eso puede conllevar, Lamentablemente es una lucha con la que muy pocos pueden, a tal grado que prefieren echar culpas que aceptar responsabilidades. En ese sentido, también los padres de estas supuestas víctimas optan por crear o construir situaciones catastróficas, donde la persona afectada queda como víctima, dañando la reputación de personas inocentes por delitos que supuestamente se cometieron, pero que en realidad no fueron de esa manera, es importante que las autoridades investiguen por varios métodos, para descartar antecedentes sentimentales psicológicos patológicos y de conducta que pudieran derivar en llevar a un inocente a la cárcel.
Las estadísticas demuestran que últimamente hay un sinfín de presuntos violadores en la cárcel, pero de esos supuestos hay muy pocos a los que se les comprueba con eficiencia veracidad y contundencia el delito, por lo que queda la interrogante de saber qué fue lo que en realidad pasó, ya que cada vez son más violadores que no utilizan la violencia para cometer en supuesto delito, lo cual es totalmente inadmisible, comprensible, ilógico í va contra la definición misma del delito, según el procedimiento penal vigente en México
Es simple y sencillo: violación, sin violencia, sin sometimiento y amenaza No es violación punto
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