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La Veranda de Rafa Rius

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著者: radioklara
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10月19日まで。※適用条件あり
Columna semanal sobre la actualidad social de Rafa Rius en Lliure directe.© 2026 radioklara 政治・政府 政治学
エピソード
  • La estúpida codicia. La Veranda de Rafa Rius 07/04/26
    2026/04/07
    La estúpida codicia La codicia, como la estupidez, no conoce límites. ¿Cómo es posible que Elon Musk acumule billones de dólares que nunca podrá gastar? ¿Cómo que el rey de Marruecos posea 600 automóviles y una docena de palacios? Llega un momento en que la codicia y la estupidez confluyen. Algunas almas ingenuas piensan que sólo es una cuestión de poder. Sí, seguramente, pero no tan solo, porque, si se hubieran detenido en su viaje a ninguna parte de acumulación totalmente desmesurada, en algún billón, algún coche o algún palacio menos, seguirían teniendo el mismo poder. Pero no, son totalmente incapaces de detenerse, la pulsión de codicia los domina, es superior a ellos. En estos casos la codicia posee entidad propia, el problema es que llega a un punto de compulsión patológica que, deviene pura y simple estupidez. La codicia tiene sus propias leyes, su propia lógica, una lógica que los que no padecemos esa enfermedad, jamás lograremos comprender. El hecho de que la codicia desmesurada tenga su propia lógica interna, supone que entre sus enfermos se cree una tupida red de intereses cruzados que impide la penetración de cualquier otro tipo de consideraciones. Si además, alguno de ellos tiene acceso a un puesto de poder político relevante (sin violencia explícita, con la necesaria connivencia de una multitud de votantes alucinados por su carisma de vendedor de feria) la cosa se complica porque esa codiciosa estupidez se va contagiando progresivamente a todos los poderes del Estado. A partir de ahí, la corrupción, la prevaricación, las múltiples estafas, el terrorismo de Estado… Llegados a ese punto, la codicia, que parecía una cuestión unipersonal, ya ha devenido un cáncer social con metástasis inimaginables. Desde que en el Neolítico la gente comenzó a acumular posesiones en los años de buena cosecha, comenzó a desarrollarse en las castas dominantes la absurda lacra de la codicia. Aún así, a través de la Historia, hemos conocido una acumulación de riqueza que solía tener sus límites, incluso, en bastantes casos, la preeminencia social no se correspondía con su situación financiera. Nunca hasta nuestros días, habíamos conocido semejante acaparamiento de riquezas sin límites, fuera de toda medida y, sin otro objetivo final que no sea seguir engordando sus cuentas ad nauseam. En estos momentos, si déspotas enfermos mentales como Donald Trump, se rodean de una corte de megabillonarios como consejeros aúlicos, con sujetos como Elon Musk, Warren Buffett, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, que no sólo acumulan poder -que también- sino un hipercapital que les permite manipular las finanzas de todo el planeta, excepto quizás, las de China, habría que concluir que las estructuras de poder en el mundo, están cambiado sustancialmente. Quizás, la única incógnita sea, el para que van a utilizar el poder de esas megafortunas, empeñados como están, de momento, en seguir acumulando riqueza y escalando puestos en la lista Forbes… La irracionalidad y el absurdo al poder… Como dato a tener en cuenta, en la clásica lista Forbes de las 400 personas más ricas del mundo, sólo el 16% son mujeres, y además, en un porcentaje que va en descenso. En esta sociedad, los hombres, al parecer, estamos más expuestos al virus de la codicia estúpida y patológica. Como se suele decir: ¡Que no nos pase nada!
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  • La estúpida codicia. La Veranda de Rafa Rius 07/04/26
    2026/04/07
    La estúpida codicia La codicia, como la estupidez, no conoce límites. ¿Cómo es posible que Elon Musk acumule billones de dólares que nunca podrá gastar? ¿Cómo que el rey de Marruecos posea 600 automóviles y una docena de palacios? Llega un momento en que la codicia y la estupidez confluyen. Algunas almas ingenuas piensan que sólo es una cuestión de poder. Sí, seguramente, pero no tan solo, porque, si se hubieran detenido en su viaje a ninguna parte de acumulación totalmente desmesurada, en algún billón, algún coche o algún palacio menos, seguirían teniendo el mismo poder. Pero no, son totalmente incapaces de detenerse, la pulsión de codicia los domina, es superior a ellos. En estos casos la codicia posee entidad propia, el problema es que llega a un punto de compulsión patológica que, deviene pura y simple estupidez. La codicia tiene sus propias leyes, su propia lógica, una lógica que los que no padecemos esa enfermedad, jamás lograremos comprender. El hecho de que la codicia desmesurada tenga su propia lógica interna, supone que entre sus enfermos se cree una tupida red de intereses cruzados que impide la penetración de cualquier otro tipo de consideraciones. Si además, alguno de ellos tiene acceso a un puesto de poder político relevante (sin violencia explícita, con la necesaria connivencia de una multitud de votantes alucinados por su carisma de vendedor de feria) la cosa se complica porque esa codiciosa estupidez se va contagiando progresivamente a todos los poderes del Estado. A partir de ahí, la corrupción, la prevaricación, las múltiples estafas, el terrorismo de Estado… Llegados a ese punto, la codicia, que parecía una cuestión unipersonal, ya ha devenido un cáncer social con metástasis inimaginables. Desde que en el Neolítico la gente comenzó a acumular posesiones en los años de buena cosecha, comenzó a desarrollarse en las castas dominantes la absurda lacra de la codicia. Aún así, a través de la Historia, hemos conocido una acumulación de riqueza que solía tener sus límites, incluso, en bastantes casos, la preeminencia social no se correspondía con su situación financiera. Nunca hasta nuestros días, habíamos conocido semejante acaparamiento de riquezas sin límites, fuera de toda medida y, sin otro objetivo final que no sea seguir engordando sus cuentas ad nauseam. En estos momentos, si déspotas enfermos mentales como Donald Trump, se rodean de una corte de megabillonarios como consejeros aúlicos, con sujetos como Elon Musk, Warren Buffett, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, que no sólo acumulan poder -que también- sino un hipercapital que les permite manipular las finanzas de todo el planeta, excepto quizás, las de China, habría que concluir que las estructuras de poder en el mundo, están cambiado sustancialmente. Quizás, la única incógnita sea, el para que van a utilizar el poder de esas megafortunas, empeñados como están, de momento, en seguir acumulando riqueza y escalando puestos en la lista Forbes… La irracionalidad y el absurdo al poder… Como dato a tener en cuenta, en la clásica lista Forbes de las 400 personas más ricas del mundo, sólo el 16% son mujeres, y además, en un porcentaje que va en descenso. En esta sociedad, los hombres, al parecer, estamos más expuestos al virus de la codicia estúpida y patológica. Como se suele decir: ¡Que no nos pase nada!
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  • Las serendipias en los interregnos. La Veranda de Rafa Rius 16/02/26
    2026/02/16
    “El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Gramsci. La Veranda de Rafa Rius O lo que es lo mismo: Las casualidades que habitan en esos espacios y tiempos aparentemente vacíos en los que vive el azar como una deidad imprevisible que acoge en su seno nuestros mantras más recurrentes, para ignorarlos de continuo. Esos interregnos en los que podemos vislumbrar la magia presente en nuestras vidas, no son programables, nos pillan siempre por sorpresa. Desde mi perspectiva, vivimos un interregno, un momento de stand by -los Extremoduro lo traducían como contexto cultural- un compás de espera en expectación de acontecimientos, y, si es así, cualquier serendipia es posible. Si aceptamos la estúpida teoría de que estamos en el final de la Historia -falso, la Historia humana sólo se acabará cuando no quedemos ninguno para contarla y para eso, aún queda, seguramente poco, pero queda- aún si la tesis de Fukuyama, contra toda evidencia, fuese cierta, lo que no podemos en ningún caso hacer es esperar el Apocalipsis de brazos cruzados. El sistema capitalista no es omnipotente ni eterno; el único con estas cualidades es Dios y Dios no existe. Todos los Imperios han tenido sus momentos de expansión, esplendor, decadencia y desaparición; el capitalismo no va a incumplir la regla. Aún queda mucho partido por jugar. Además, la idea de Fukuyama, tiene trampa; cuando habla del fin de las ideologías, se refiere a todas menos a la suya, al ultraliberalismo capitalista de esos vampiros que se llaman a sí mismos de forma impúdica libertarios, pervirtiendo y degradando el sentido de una de las más hermosas palabras: libertad. Ignorando a sabiendas, que cualquier libertad acaba donde empieza la del vecino y que hacer individualmente lo que me venga en gana, ignorando los deseos y necesidades de las personas con las que convivo, es lo contrario de la libertad; la libertad de una anarquía que, como nos explicaba Eliseo Reclus, es la máxima expresión del orden, pero no de un orden impuesto desde fuera, sino de un orden adiestrado y disciplinado por cada uno de nosotros por pura coherencia social y respeto a los demás. Desde un punto de vista social, incluso cuando parece que todo está perdido, Cuando la autoproclamada izquierda es incapaz estructurar una alternativa sólida ante la incertidumbre. Cuando parece que la desigualdad de fuerzas es demasiado grande, que la melancolía nos invade y nos paraliza en un momento en el que los esbirros fascistas del dios Mercado parecen estar ganando terreno en todo el mundo, nunca hay que descartar la aparición de la serendipia. Y la serendipia no es cuestión de buena suerte, es sencillamente azar. Ese azar que gobierna el mundo de forma imprevisible y caprichosa, regido por unas leyes ocultas en las que el hecho de que las ignoremos, no presupone su inexistencia. Un azar al que hay que ayudar con nuestro trabajo en la base de lo social para que cuando el momento de serendipia llegue, nos pille preparados. Por pura coherencia personal, ya digo.
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