エピソード

  • El gran conde de Monte Parte 22
    2026/04/17
    Tomad una de las linternas del carruaje, Ber¬tuccio, y mostradme las habitaciones -dijo el conde.
    El mayordomo obedeció sin hacer ninguna observación, pero era fácil ver en el temblor de la mano que sostenía la linterna cuánto le cos¬taba obedecer.
    Recorrieron un piso bajo bastante grande, un piso principal compuesto de un salón, un cuar¬to de baño y dos alcobas. Por una de estas alco¬bas se iba a una escalera de caracol que conduc¬ía al jardín.
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    50 分
  • El gran conde de Monte Parte 21
    2026/04/17
    Córcega, no hallaréis en nuestros ochenta y cinco departa¬mentos la menor montaña en que no haya un telégrafo y la menor gruta, por lóbrega que sea, en que un comisario de policía no haya hecho poner el gas. Sólo un servicio puedo prestaros, mi querido conde, y es presentaros por todas partes, o haceros presentar por mis amigos, pero vos no tenéis necesidad de nadie para eso, con vuestro nombre, vuestra fortuna y vuestro talento (Montecristo se inclinó con una sonrisa ligeramente irónica), os podéis presentar sin necesidad de nadie, y seréis bien recibido de todo el mundo.
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    57 分
  • El gran conde de Monte Parte 20
    2026/04/17
    Era una puertecita, al parecer olvidada de to¬do el mundo desde que se hizo la casa y que cualquiera supondría condenada para siempre,
    ¡tan sucia y cubierta de polvo estaba!, pero cuya cerradura y goznes, cuidadosamente untados
    en aceite, anunciaban una práctica misteriosa y continua. Esta puertecita, como hemos dicho, hacía juego con otras dos y se burlaba del por¬tero, abriéndose como la famosa puerta de la caverna de las Mil y una noches, como el Sésamo encantado de Alí-Babá, por medio de algunas palabras cabalísticas o de algunos golpecitos convenidos, pronunciadas por una dulce voz o dados por los dedos más lindos del mundo.
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    54 分
  • El gran Conde de Monte Parte 19
    2026/04/17
    A las tres, el ruido de las cajas sonando a la vez en la plaza del Popolo, y en el palacio de Venecia, atravesando aquel horrible tumulto, anunció que iban a comenzar las carreras. Las carreras, cómo los moccoli, son unos episodios particulares de los últimos días de Carnaval. Al ruido de aquellas cajas, los carruajes rompieron al instante las filas y se refugiaron en la calle transversal más cercana. Todas estas evolucio¬nes se hacen, por otra parte, con una habilidad inconcebible y una rapidez maravillosa, y esto sin que la policía se ocupe de señalar a cada uno su puesto, o de trazar a cada uno su camino.
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    1 時間 3 分
  • El gran conde de Monte Parte 18
    2026/04/17
    Los tres bajaron la escalera. El cochero recibió entonces las órdenes de su amo y siguió la vía del Babuino mientras que los que iban a pie subían por la plaza de España y por la vía Frat-tina, que les conducía en derechura entre el palacio Tiano y el palacio Rospoli. Todas las miradas de Franz se dirigieron a los balcones de este último palacio. No había olvidado la señal convenida en el Coliseo entre el hombre de la capa y el transtiberino.
    -¿Cuáles son vuestros balcones? -preguntó al conde, dando a la pregunta el tono más natural que pudo.
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    52 分
  • El gran conde de Monte Parte 17
    2026/04/17
    Tiempo perdido, pues, preciso es confesarlo, para vergüenza de uno de los representantes de nuestra elegancia: después de cuatro meses que paseaba por Italia en todos sentidos, Alberto no había tenido ni lo que se llama una sola aven¬tura.
    Y no era que no hiciese lo posible para que ésta se le presentara, no, porque Alberto de Morcef era uno de los jóvenes que más fasti-diados debían estar por hallarse en tal descu-

    bierto. La cosa era tanto más penosa, cuanto que según la modesta costumbre de nuestros queridos compatriotas, Alberto había salido de París con la convicción de que iba a tener los mejores lances, y que volvería a entretener a sus amigos del boulevard de Gand contándoles sus aventuras; pero, desgraciadamente, nada de esto había sucedido. Las encantadoras con-
    desas genovesas, florentinas y napolitanas, hab¬ían temido, no a sus maridos, sino a sus aman¬tes, y Alberto había adquirido la cruel convic-ción de que las italianas tienen a lo menos sobre las francesas la ventaja de ser fieles a su infide¬lidad. Con todo,
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    52 分
  • El gran conde de Monte Parte 16
    2026/04/17
    Carlini se arrojó llorando en los brazos del padre de su amada. Eran aquellas las primeras lágrimas que vertían los ojos de aquel hombre.
    »Y ya que todo acabó -dijo con tristeza el an¬ciano a Carlini-, ayúdame a enterrar a mi hija.
    »Carlini fue a buscar dos azadones y el padre y el amante se pusieron a cavar al pie de una encina cuyas espesas ramas debían cubrir la tumba de la joven. Así-que hubieron abierto una fosa suficiente, el padre fue el primero en abrazar el cadáver, el amante después, y en seguida levantándolo el uno por los pies y el otro por los brazos, lo colocaron en el hoyo.
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    49 分
  • El gran Conde de Monte Parte 15
    52 分