El que vence a las tentaciones consigue la paz, de los escritos de San Pío de Pietrelcina
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EL QUE VENCE A LAS TENTACIONES CONSIGUE LA PAZ
De los escritos de San Pío de Pietrelcina
En las tentaciones lucha con valentía junto con las almas fuertes y combate junto al jefe supremo; en las caídas no permanezcas postrado ni en el espíritu ni en el cuerpo; humíllate mucho pero sin perder el ánimo; abájate pero sin degradarte; lava tus imperfecciones y tus caídas con lágrimas sinceras de arrepentimiento, sin que falte la confianza en la divina bondad que será siempre mucho mayor que tu ingratitud; propón tu enmienda sin presumir de ti mismo, ya que tu fortaleza la debes tener sólo en Dios.
Confía en Dios y espera en su paterna bondad, que la luz deberá hacerse. Recuérdalo: está más cerca de Dios el malhechor que se avergüenza de haber actuado mal, que el hombre honesto que se avergüenza de hacer el bien. El tiempo gastado por la gloria de Dios y por la salvación del alma,nunca es tiempo mal empleado.
Levanta la mente llena de fe hacia la patria celestial y dirige a ella todos tus pensamientos y aspiraciones. Ésa es nuestra verdadera patria. Debemos rendir cuentas de cada minuto, de cada movimiento de la gracia, de cada santa inspiración, de cada ocasión que se nos presenta para hacer el bien.
Haz el bien en todas partes, para que todos puedan decir: “Este es un hijo de Cristo”. Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores, las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos.
Defiende al débil, consuela al que llora. Un solo acto de amor a Dios en tiempos de aridez vale más que cien en momentos de ternura y consuelo.
Es necesario amar, amar, amar y nada más.
Recuerda que la paz del espíritu puede conservarse también en medio detodas las tempestades de la vida presente.
La paz, apréndelo muy bien, consiste fundamentalmente en la concordia con nuestro prójimo, al que le deseamos toda clase de bienes; consiste además en la amistad con Dios, mediante la gracia santificante; y la prueba de que estamos unidos a Dios es la certeza moral de no haber cometido pecado mortal, que es un peso en nuestra alma.
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