BRILLO EN EL MIEDO
Hoy no venimos a pelear con el miedo. Venimos a sentarnos a su lado, como quien se sienta junto a alguien que tiembla en silencio en el asiento de copiloto. Porque el miedo no es solo una alarma; a veces es una historia antigua contada con voz nueva. Esa vocecilla —sí, esa— que aparece justo cuando estás a punto de cruzar un umbral, cuando vas a decir “sí” a lo desconocido, cuando el corazón entiende algo antes que la mente.
Y aquí va una verdad suave pero poderosa: si lo sientes, felicidades. Significa que tu alma está despierta. El miedo es, muchas veces, el cartel luminoso en la puerta de algo que importa. No es un enemigo. Es un guardián. Uno torpe, a veces exagerado, pero guardián al fin. No viene a destruirte; viene a evitar que te duela. Y aun así… no siempre sabe distinguir entre peligro real y crecimiento.
El miedo jamás desaparece del todo. Cambia de ropa, cambia de forma, se esconde detrás de planes perfectos o excusas razonables. Pero siempre vuelve cuando hay vida, cuando hay expansión. Por eso, nuestro objetivo no es expulsarlo. Es conducir con él al lado y aprender a escucharlo sin obedecerlo ciegamente.
Respira. Nómbralo. Míralo sin pelear. Dile: “Te veo”. Y pregúntale con curiosidad: “¿Qué intentas proteger en mí?” Quizá proteja una parte vulnerable, una versión tuya que un día no fue cuidada. Agradece su intención. No por resignación, sino por amor: amor al cuerpo que ha sobrevivido, amor a la mente que ha intentado sostenerte.
A veces el miedo llega como una ola fría en el pecho: te encoge la voz, te acelera la mente, te convence de que no puedes. Pero míralo bien… no es un monstruo. Al final, el miedo es energía sin dirección. Un río que todavía no sabe hacia dónde correr. Y tú puedes guiarlo.
Pon una mano en el corazón y otra en el vientre. Siente tu cuerpo como ancla. Susurra por dentro: “Estoy a salvo en este instante”. No mañana, no cuando todo se arregle… ahora. Y luego elige un gesto valiente, pequeño pero verdadero: una llamada, una página, una canción, un paso. Así se transforma la ola en marea. No te arrasa: te empuja hacia tu orilla.
Y existe otro miedo, más silencioso, más elegante en su disfraz: el miedo a brillar. El miedo a ser visto o vista, a creer que mereces, a ocupar tu lugar. Se presenta como “luego”, como “no soy suficiente”, como “mejor no molesto”. Pero tu deseo insiste. Insiste como una vela que no se apaga incluso cuando sopla el viento.
Cuando ese miedo aparezca, no lo empujes. Invítalo a caminar contigo. Dile: “Gracias por cuidarme, pero hoy elijo expandirme”. Repite hasta que tu sistema nervioso aprenda que crecer también puede ser seguro. Cada vez que eliges lo que amas, el miedo deja de ser carcelero y se vuelve maestro. Y tú recuperas tu voz.
YOUTUBE
https://www.youtube.com/@VibraEterna
SPOTIFY
https://open.spotify.com/artist/76rWRaWwTuSdjNYE8aEbLw?si=t3Fiyi-FRuSWlI6AKfGcqw
TIKTOK
tiktok.com/@vibra.eterna5
INSTAGRAM
https://www.instagram.com/vibra.eterna.oficial/
GRUPO VIBRA TELEGRAM
https://t.me/+NXFiBKpOxAcxZWM0