Tus deseos no son pequeños para Dios - Danilo Montero | Prédicas Cristianas 2026
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El mensaje “Deseos ordinarios, un Dios extraordinario” nos recuerda que ningún deseo legítimo del corazón humano es insignificante delante de Dios, aunque a nuestros ojos parezca pequeño, tardío u olvidado. Cuando rendimos nuestros anhelos al Señor, Él los examina, los purifica y, muchas veces, los integra dentro de un plan mucho más grande del que imaginamos.La historia de Zacarías y Elisabet revela esta verdad con profundidad. Un matrimonio fiel y devoto que oró por años por un hijo, pero cuya petición parecía haber quedado en el pasado. Sin embargo, en un día ordinario de servicio en el templo, mientras Zacarías ofrecía incienso, Dios respondió una oración antigua… no solo para bendecirlos a ellos, sino para cumplir su plan eterno de salvación a través del nacimiento de Juan el Bautista, el precursor del Mesías.La Biblia enseña que nuestras oraciones son valiosas y preciosas delante de Dios. Apocalipsis nos muestra que las oraciones de los santos suben como incienso agradable ante el trono celestial. Lo que para nosotros parece rutina o rito, en el cielo es una ofrenda viva que Dios honra.Hay momentos en los que nuestros deseos personales se alinean misteriosamente con el plan soberano de Dios. No son simples coincidencias, sino encuentros divinos donde la necesidad humana y la voluntad eterna se cruzan. Dios gobierna la historia con soberanía, pero lo hace respetando nuestra voluntad y guiando nuestros corazones hacia su propósito.Finalmente, este mensaje nos lleva a una verdad más profunda: Dios mismo es la respuesta mayor a nuestros anhelos. A veces, antes de cumplir un deseo, Él llena primero el corazón. Cuando aprendemos a deleitarnos en el Señor, nuestros deseos son transformados y reordenados, y descubrimos que somos parte de algo mucho más grande de lo que pedimos o imaginamos.Un día ordinario.Un deseo aparentemente simple.Y un Dios extraordinario, obrando más allá de toda expectativa.