Estoy literalmente caminando por un centro comercial y me pregunto yo ahorita en esta Navidad, digo, vénéndote yo a buscar un regalo también, ¿verdad? Pero me pregunto en qué momento se nos olvidó el por qué y el para qué de la Navidad. Ahorita veo luces, veo gente, veo tiendas abiertas, otras cerradas,, veo anuncios, veo aparentes ofertas.
¿En qué momento se nos olvidó el porqué de la Navidad? La Navidad que no es simplemente un evento para festejar, no es simplemente un pretexto para unirse como familia. No es nada más un momento de alegría, incluso no es solo un momento de pura esperanza o de renovación.
Imaginémonos lo que fue ese diálogo entre el padre y el hijo antes de que el hijo se encarnara. ¡Wow! Lo que ha de haber visto. tal vez el desastre de mundo que había, la necesidad que había, también los miles de millones de corazones que iban a recibir ese amor gracias al sí de Jesús y ese ambiente como épico de una gran batalla que decía no podemos permitir que esto siga así, tengo que bajar, tengo que hacerme hombre con la radicalidad que eso implica, porque a veces le quitamos esa radicalidad y lo volvemosvemos todo algodones y chocolates.
Y la verdad es que la Navidad es radical. Dios, hijo, se encarnó para toda la eternidad. ¡Wow!
Y se encarnó para toda la eternidad, es decir, se hizo hombre para toda la eternidad por amor, porque sabía que el odio era muy grande, porque sabía que el egoísmo del hombre era enorme, porque sabía que iba a seguir habiendo pecado, pero su amor simplemente no le permitió decir que no. Un amor inmenso que lo único que quiere es entregarse, que lo único que busca es amar, es ser para el otro. Un drama tremendo, un drama de consecuencias literalmente universales y eternas.
Ese drama, esa batalla, la cual Jesús dijo que sí, hoy la sigue librando aquí, no en medio de las luces y de los anuncios, ni en medio de las tiendas, sino en tu corazón, en ese corazón que está buscando decir que sí, pero que a veces también se deja llevar por tantas tentaciones en ese corazón que está buscando tal vez amar más, pero siempre cae en el egoísmo. En ese corazón, a fin de cuentas, que sabe que está hecho para el amor, que sabe que está hecho para la eternidad y que sin embargo, se atora en tantas cosas tan pequeñas. ¿Cuánto me cuesta a mí el poder decir que sí a Dios nuestro Señor?
¿Cuánto me cuesta a mí El poder aceptar que tengo cosas que me cuesta dejar. el poder decir que sí sin condiciones. Navidad es una invitación para decir que sí sin condiciones frente a un Dios que nos ama tanto que se se hizo niño, encarnado bebé necesitando de todo y a la vez teniéndolo todo. Ve a la radicalidad en esta Navidad, ve a ese sí de Jesús, que no simplemente quiso decir que sí porque sí, sino que quiso decir que sí por amor, quiso decir que sí, porque su amor era tan grande que no le importaba nada más que ese sí.
Su amor es tan grande y tan definitivo que sigue pidiendo ese amor, que sigue pidiéndote a ti esa entrega, que sigue pidiéndote a ti ese sí para poder a su vez darte un gran sí. Estamos en una batalla, la batalla por el alma del mundo. ¿De qué lado estás?
De ese bebé que parece simplemente un bebé más o del lado de los poderosos como Herodes, que tal vez quieren mantener su poder a toda costa. Dile que sí hoy al amor porque el amor no traiciona. El poder a veces está y a veces no está.
El poder a veces te apoya y otra vez no. Pero el amor, una vez que dice que sí, no se echa para atrás. Y ese sí es un sí eterno, el sí de nuestro Señor.
¿Te da miedo encontrarte con algún miembro de tu familia en la cena de Navidad porque no sabes qué es lo que va a pasar, qué es lo que va a decir. Te invito, perdónala de corazón o pídele perdón de corazón. Haz lo que está de tu parte y deja el resto en manos de Dios.
Bendiciones y otra vez muy feliz Navidad.