Vivimos conectados, pero cada vez entendemos menos la tecnología.
Parecer experto ya es facilísimo, serlo sigue siendo otra historia.Estamos rodeados de tecnología, usamos móviles, apps, nube, inteligencia artificial, redes sociales, pagos digitales, asistentes, mapas, videollamadas y herramientas automáticas todos los días. Pero usar una tecnología no significa entenderla. Y ahí está una de las grandes paradojas de nuestra época: cuanto más conectados estamos, más fácil es vivir dentro de sistemas que no comprendemos realmente. En la UE, más del 90 % de la población usaba internet al menos una vez por semana en 2023, pero solo el 56 % tenía competencias digitales básicas o superiores; dicho al revés, el 44 % no las tenía. La Comisión Europea y Eurostat llevan años señalando que esa brecha sigue siendo uno de los grandes frenos de la transformación digital. Eso ya es fuerte por sí mismo, pero hay una segunda capa aún más interesante. Hoy, además, parecer experto se ha vuelto ridículamente fácil. Con herramientas de IA, plantillas, vídeos cortos, hilos, prompts, texto bien redactado y tono seguro, una persona puede sonar muy competente sin tener detrás el conocimiento, la experiencia ni el criterio real. Y eso no solo genera humo. Genera errores, decisiones malas y una cultura donde a veces la apariencia de conocimiento pesa más que el conocimiento mismo. Microsoft Research halló en 2025 que una mayor confianza en la IA se asociaba con menos pensamiento crítico en tareas asistidas por GenAI, mientras que una mayor confianza en la propia capacidad se asociaba con más pensamiento crítico. Este fenómeno se ve en la vida cotidiana. La mayoría sabe abrir apps, mandar audios, compartir ubicación, pagar con el móvil o pedirle algo a una IA. Pero muchísima gente no sabe explicar cosas básicas como:qué permisos da una app,
qué diferencia hay entre una cuenta, un servicio y una copia local,
qué es una copia de seguridad real,
qué implica iniciar sesión con Google o Apple,
qué hace una verificación en dos pasos,
qué datos comparte una app,
o por qué un sistema automatizado puede equivocarse.La propia estrategia digital europea trata las competencias digitales como algo tan básico para la inclusión como leer y escribir, y mantiene como meta que el 80 % de la población adulta tenga al menos habilidades digitales básicas en 2030. El problema es que todavía estamos lejos de eso.Informe. Mucha conexión, poca comprensión. Y la nueva fábrica de falsos expertosIdea centralPrimera área. Vivimos conectados, pero cada vez entendemos menos lo que usamos
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