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La leyenda de San Jorge y el dragón: un pacto inesperado en Cáceres

La leyenda de San Jorge y el dragón: un pacto inesperado en Cáceres

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ResumenErik y Martha buscaban la cueva de sus amigos Livi y Oskar en las montañas cerca de Hervás. Tras subir con sus caballos hasta donde pudieron, continuaron a pie y finalmente encontraron la entrada a la cueva. Al entrar, escucharon la voz de Oskar, confirmando que habían llegado al lugar correcto.Erik y Martha escuchan a Oskar contar un cuento sobre dragones y humanos. Oskar relata que hace años, los dragones y las personas eran amigos, pero un incendio hizo que los humanos culparan a los dragones, rompiendo la amistad. Los dragones se fueron, excepto uno que necesitaba curarse y buscó ayuda en Cáceres, pero los humanos lo rechazaron.El dragón accidentalmente quemó una torre de la muralla de Cáceres, lo que enfureció a los habitantes que pensaron que quería atacarles. Llamaron a los soldados, pero el dragón, fuerte y poderoso, los repelía. Un caballero, identificado como San Jorge, propuso luchar contra el dragón: si ganaba, el dragón obtendría lo que quería, pero si perdía, tendría que irse. El caballero salió con su caballo y armadura para enfrentarse al dragón.El pequeño caballero se enfrentó al tatarabuelo dragón, quien subestimó su velocidad e inteligencia. Aunque el dragón intentó atacar con fuego, el caballero utilizó su escudo de dragón para protegerse y logró derribar al dragón con su espada. San Jorge, el caballero, cuestionó al dragón sobre su ataque a la ciudad, y el dragón explicó que fue un accidente debido a un estornudo. San Jorge reflexionó sobre la posibilidad de que los dragones no fueran responsables de quemar los campos, y una tormenta confirmó sus sospechas al provocar un incendio. Finalmente, San Jorge decidió confiar en el dragón y ofreció paz si prometía no atacar más.San Jorge había derrotado al dragón, pero en lugar de matarlo, decidió hacer un trato con él. El dragón, herido en la rodilla, ofreció su casa para que San Jorge descansara, a cambio de ayuda para reparar los daños que había causado. San Jorge aceptó el trato, y desde las almenas de la ciudad, la gente observaba, sorprendida por la decisión de no acabar con el dragón. Aunque inicialmente confundidos, muchos comenzaron a entender y aceptar el acuerdo entre San Jorge y el dragón.San Jorge derrotó al dragón y lo llevó a su casa. Esto marcó el inicio de la amistad entre San Jorge y el tata abuelo. Oskar cuenta la historia a Livi mientras su bebé dragón se duerme. Erik y Martha llegan para pasar la noche con ellos, y todos se preparan para dormir. Cuento¿Cómo? En un país muy lejano al sur, en una ciudad muy pequeñita llamada Cáceres, vivían el caballero Erik y la amazona Martha.Era por la tarde-noche. Acababa de anochecer, mejor dicho, y Erik y Martha estaban buscando la cueva de Livi y de Oskar. Estaba en algún sitio, allí, en las montañas cerca de Hervás. No sabían exactamente, porque nunca habían ido a visitar a Oskar y a Livi. Oskar y Livi siempre los habían buscado a ellos.De repente, Erik y Martha dijeron, allí, los dos a la vez señalaron a una montaña que había justo enfrente de ellos, una colina muy alta, y la parte de arriba era completamente de piedra.Allí seguro que hay una cueva.Sí, allí es el sitio. Estoy segura que es el sitio donde Livi y Oskar buscarían para vivir.Erik y Martha subieron todo lo que pudieron con Crinesdoradas y Solnaciente, hasta que Crinesdoradas volvió la cabeza y le dijo a Erik:“Erik, no estoy dispuesto a seguir subiendo. Esto ya es peligroso hasta para un caballo. Si quieres subir más, a partir de ahora subirás con tus dos piernecitas de humano, pero mis cuatro superpiernas han dicho que basta.”“Ok”, dijo Erik.Solnaciente miró a Martha y Martha dijo:“Vale, vale, ya sé lo que me vas a decir, yo también me bajo.”Parecía que se reía Solnaciente.Martha bajó, los dos cogieron una pequeña mochila con un poco de comida, bebida, sus sacos de dormir.“Bueno, esto es todo lo que necesitamos.”Estuvieron subiendo y subiendo durante unas dos horas. Estaban ya cansados y ya no quedaba ninguna luz. Encontraron la puerta, bueno, la puerta, la entrada a la cueva.“¿Ves? Te dije que tenía que ser esta. Te lo dije yo”, dijo Martha.“No, lo dije yo”, dijo Erik.“Venga, hemos sido los dos, de acuerdo.”Entraron en la cueva muy despacito, no querían hacer ruido, por si en el caso no era la cueva de Livi y Oskar, no sea que asustasen a algún oso. A los osos no les gusta nada que les molesten. Y si alguien les molesta por descuido, suelen ser muy, muy violentos.“Pero si son Benny y Lili no nos hacen nada.”“Ah, ya, claro.”Excepto para Erik y Martha, sus amigos Benny y Lili no les harían por supuesto nada, pero los demás osos no se sabe.El caso es que entraron despacito, siguieron recto y luego la cueva tenía una curva a la derecha y luego otra curva a la izquierda. Y ahí, justo detrás de la siguiente curva, antes incluso de tomarla, escucharon la voz de Oskar que decía:“...
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