La Disciplina de la Oración / Centrada en Dios, no en lo demoníaco
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Comparto una reflexión antigua: "Cuando enseñamos errores en la predicación, es fácil que se propaguen; cuando corregimos esos errores, es muy difícil propagar esa corrección". La falsa doctrina y los malentendidos se propagan como pan caliente. Es imposible corregirlos en la misma proporción porque habrá resistencia para quien le haya funcionado al interiorizarlas en su vida. Con la oración ocurre lo mismo. Existen malentendidos promovidos en la iglesia por falta de conocimiento bíblico y de humildad. Aclaro lo siguiente: no se juzga la buena fe, sino las falsas doctrinas. No se condena a la hermana que intercede ni al que invoca la sangre de Cristo; se condena el malentendido y la tergiversación de la “guerra espiritual” o de la “sangre de Cristo”...
La oración nos enfoca en Dios, en sus pensamientos y voluntad: "Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo" (Mateo 6:10 LBLA). Cuando toma un énfasis antropocéntrico tipo "cumplir caprichos, el yo, mi", no es la oración agradable a Dios (cf. Santiago 4:3). ¿Podría usted preguntarse si su oración se enfoca en asuntos espirituales o materiales? Dios se complace en bendecir y suplir necesidades de sus hijos, pero no gustos pecaminosos. La oración suple principalmente nuestras necesidades espirituales, contiene un componente antropológico, pero no debe centrarse en nuestra voluntad, sino en la de Dios. La oración es un medio de gracia para nosotros y Dios no la necesita. Recuerda, la oración es por causa del ser humano, pero se centra en la voluntad de Dios.
Víctor Ñancucheo