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Cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Un punto. Esto es fast biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Álvaro Muñoz es casi. Escuchen, esta semana, en los programas de la tarde española, un hombre de 50 años con las manos curtidas por las riendas se sentó frente a las cámaras y habló, no de caballos, no de competencias, no de los 3 campeonatos de España que llevan el cuerpo. Habló de María José Suárez, de lo que fue y lo que no pudo ser, con esa mezcla extraña de pudor y exhibición que caracteriza a los deportistas cuando se vuelven personajes públicos. Hay un momento en esas entrevistas, las vi todas, claro, es mi trabajo, en que es casi se toca la 100 derecha con 2 dedos, un gesto inconsciente que hace cuando está por decir algo que le cuesta. Y ahí, justo ahí, se ve al jinete que fue antes de ser celebridad, el que aprendió que con los caballos no se puede fingir. Álvaro Muñoz Scasi nació en Madrid en 1974, pero su biografía real empieza a los 7 años, el día que su padre lo subió por primera vez a un caballo en el Club de Campo Villa de Madrid. El padre, ingeniero, aficionado tardío a la hípica, son el porteño hacionado tardío a la hípica, quería que el hijo tuviera lo que él no tuvo. Es una historia vieja como el mundo, pero en este caso funcionó. A los 15 años, es casi ya competía en salto. A los 20, mientras sus compañeros de generación estudiaban carreras que nunca ejercerían, Él vivía entre cuadras y concursos, aprendiendo ese lenguaje sin palabras que existe entre jinete y caballo. Me acuerdo de una frase de Paco Goyoaga, el gran jinete mexicano, cuando lo entrevisté en 1995, el caballo te enseña humildad porque no puedes mentirle, él sabe quién eres antes que tú. Los títulos llegaron, campeón de España de salto, en 2003, 2007, 2011, pero, y aquí está lo interesante, es casi nunca fue solo un atleta. Había algo en su era de moverse por el Padock, en cómo hablaba con la prensa, que sugería otro destino. Los fotógrafos lo buscaban, las cámaras lo querían. En 2014, dio el salto, perdón por la metáfora equina, pero es inevitable, a la televisión Supervivientes en Telecinco, un reality show donde famosos y aspirantes a hacerlo sobreviven en una isla. Para alguien acostumbrado a dormir en establos antes de las competencias, aquello debió ser casi vacaciones. Pero fue ahí donde España descubrió que el jinete serio tenía otra cara, conversador, seductor, con esa mezcla de caballerosidad antigua y desparpajo moderno, que funciona también en la televisión del siglo veintiuno. Las relaciones sentimentales empezaron a ocupar más titulares que los trofeos hípicos. Lara Dibildos, Raquel Bernal, Laura Matamoros, los nombres se suceden en la prensa del corazón española como caballos en un desfile, la bolsa de literario que a Sauce Olived exille hasta llegar a María José Suárez, Miss España 1996, con quien mantuvo una relación de 3 años que terminó hace apenas unos meses, que enamoró, es tan el destinado del libro. Y aquí volvemos a esta semana, a esas Buenos Aires intelectual Long Zed, el de México City. So la porteño Accent Tascondesa sí abre de intimidades con la misma precisión con que antes describía un recorrido de saltos. Con María José Suárez fue diferente, dice, y 1 casi puede ver el momento exacto en que decide cuánto reverer como un jinete calculando la distancia antes del obstáculo. Lo que me interesa, lo que siempre me ha interesado, no es el chisme, la maniza del capítulo Faldo y la mala de los prestantes que respecta. Es el fenómeno cultural, cómo un deportista de élite se transforma en personaje mediático, como la hípica, deporte de minorías, de tradición, de silencios, produce una figura que vive de hablar en televisión. España tiene una relación particular con sus deportistas convertidos en famosos. No es como en Argentina, donde el puto homista retirado se vuelve térmico o comentarista, pero sigue en su mundo. En España, el salto puede ser total del campo de juego al plató, del vestuario o al confesionario público. Que, EEY lego, España te es es casi sigue compitiendo, eso hay que decirlo. A sus 50 años mantiene el físico y la disciplina, pero ahora sus apariciones en los concursos hípicos compiten con sus…
Este contenido fue creado con la ayuda de Inteligencia Artificial. Una producción de Inception Point AI.
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