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Gracias a la televisión más personas deciden comprar libros.

Gracias a la televisión más personas deciden comprar libros.

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"Los medios audiovisuales resultan más potentes para incentivar la lectura que las acciones de la educación formal. Existen personas que deciden dedicar su tiempo libre a la lectura y entre ellos otros que destinan parte de sus ingresos a comprar libros. Es posible afirmar que estas personas, las que compran libros, tienen asegurada durante un periodo específico de tiempo su subsistencia. Han comprado comida, han pagado facturas, han cancelado el valor del arriendo para adquirir materiales de lectura. Esta decisión de compra se encuentra en un nivel superior a ese de la conservación de la vida, alimentos, vestido y vivienda.

Caracterizado por la búsqueda de mayor bienestar hasta alcanzar el peldaño en el que cada compra eleva en menor medida o aporta un pequeño y breve placer. La pregunta entonces sería, ¿por qué unas personas deciden comprar libros y otras no? La satisfacción y el placer no son palabras que tengan la misma significación para todos y los que adquieren libros han tenido experiencias que les han permitido entender que la lectura es una gran fuente de bienestar. El llegar a esta conclusión puede tener dos caminos y también aceleradores para cuando ya se transita por esos senderos, como el caso de esta audio columna, es decir, el contenido audiovisual por un lado y un intento repetido y condenado al fracaso por el otro.

Comencemos por este último. La educación formal, la escuela, es incapaz de formar hábitos de lectura debido a que realiza prácticas artificiales que al desaparecer se llevan con ellas la posibilidad de leer. En la escuela se pretende incentivar la lectura por medio de tareas y trabajos que significan la aprobación o reprobación del estudiante. Lee este libro para contestar un control de lectura. Lee esto para contestar un cuestionario. Lee esto para presentar un resumen o informe. Así el estudiante siempre leyó por obligación cuando la lectura es un acto voluntario. Y los que se tropiezan con un libro que les llama la atención y descubren que pasar sus ojos por él es placentero, buscan repetir esa misma sensación.

Para los que ya estamos en el camino, los libros hacen parte de la canasta familiar de consumo. Los medios audiovisuales actúan como un acelerador. Si la lectura es como una fogata, la televisión es una especie de combustible. Un logo en la portada de un libro que compré me hizo tomar conciencia de ello y luego pensé en otros libros que tengo en mi biblioteca y que llegaron allí por un motivo similar.

El logo en cuestión reza así: 'disfrútalo en Apple TV Plus' en el libro trilogía, Fundación de Asimov. Esta parte de la carátula indica que existe una adaptación audiovisual en formato de serie y que está disponible en esta plataforma de streaming. El objetivo puede ser que el que haya visto la serie busque la fuente original o que los lectores sepan dónde pueden disfrutar de una adaptación en pantalla. Recurro entonces a mi memoria y una vista rápida de mi biblioteca y descubro patrones similares. Leí La llamada de lo salvaje de Jack London luego de ver la película de Disney. Completé la anterior lectura con Colmillo Blanco, pero no he visto la película. Descubrí los relatos del padre Brown debido a un capítulo de la serie protagonizada por el actor que encarnó al papá de Ron Weasley en Harry Potter. Leí La isla del tesoro de Stevenson para apreciar qué tanto se parecía a la película El planeta del tesoro. Y seguramente tengo otros casos que se me escapan de la mente.

Ya sean las editoriales o la industria del entretenimiento han logrado que los libros estén en la necesidad de ciertas personas y sean sinónimo de placer y satisfacción en una escala de valoración que realiza cada individuo.

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