Escucha con la transcripción completa abajo. ━━━ Transcripción ━━━ Buenas noches, les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial, pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Como hoy, señor, señor. Esto es Flash Biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Edson Barbosa. Escuchen, el sábado pasado, 16 de noviembre, en el Madison Square Garden, ese templo meorquino donde han sulado todos los grandes, en brasileño de 38 años, subió al octágono para enfrentar a un inglés invicto de 13 años menos. Los apostadores daban por muerto al veterano, desmeritado del podcast diario de la Avia. Las matemáticas del deporte decían que era hora de retirarse, pero Edson Barbosa, el Junior de Nova Friburgo, tenía otros planes. Durante 3 rounds, sus piernas, esas piernas que han fracturado costillas y destrozado muslos durante 2 décadas, le recordaron al mundo por qué ese argoreso, en Keense eka es una lección de oficio en la catedral del combate. Hay un momento cuando 1 ve a Barbosa caminar hacia el octágono, que el tiempo parece doblarse. Es el mismo andar pausado que tenía a los 22 años cuando dejó las favelas de río para entrenar en New Jersey. El mismo que llevaba cuando noqueó a Terry Etim con un apateño en México Siria. Solaporteño Axet todavía reproducen en cámara lenta, como si fuera necesario estudiar frame por frame, como un ser humano puede convertir su pierna en un látigo. No va Friburgo, 1 tiene que entender no va Friburgo, 1 tiene que entender no va Friburgo, para entender a Barbosa, no es Bio, no es Saopalo, no es Río Friburgo, para entender a Barbosa, es una ciudad de 180000 almas en las montañas de Río de Genero, fundada por suizos en 1819, donde el frío corta y la neblina se mete en los huesos. Ahí nació Edson en enero del 86, en una familia donde el dinero alcanzaba para comer, pero no para soñar. El muaytay llega a su vida como llegan las salvaciones, por accidente y por necesidad. Un primo lo llevó a entrenar. Tenía hecho años, y las piernas largas, de quien va a crecer demasiado rápido. En Brasil, en los 90, el Nehhai era todavía una rareza importada, algo que practicaban los que no podían pagar un gimnasio de jilgetsu brasileño. Pero las piernas de Barbosa encontraron en esos golpes circulares algo que el jiu jitsu no podía darle, distancia. La posibilidad de mantener el mundo a raya con la extensión de un fémur. A los dieceses, ya era campeón nacional. A los 20, tricampeón. Y, entonces, llegó el momento que define a todo peleador latinoamericano, Quedarse o irse. Por supuesto, que se fue. En el 2009, empacó sus pocas cosas y se instaló en New Jersey, en el gimnasio de Ricardo Almeida. El inglés era un obstáculo, el frío, otro. Pero había algo en la manera en que los gringos miraban sus pa This content was created in partnership and with the help of Artificial Intelligence AI.
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